Frente a mi, sonriendo ya regodeándose con su victoria estaba la Muerte. Su cabeza cubierta de luces aterradoras era la última visión que iba a tener del mundo. Lo único inevitable y certero que hay en la vida de todo ser es ser vencido en su última batalla contra el mejor adversario..pero mientras toda mi vida se recopilaba en imágenes confusas una pregunta rondaba mi cabeza ante aquella imagen aterradora: como fui tan descuidada y alcanzó mis pasos cuando me creía invencible??
Eso mis amigos da inicio a mi historia.
Mi imaginación desde niña siempre me llevó más lejos que mis pasos. Buscaba ser aprendiz de cuanto Maestro en armas hubiera en Ciudad Manantial, mi cuna ancestral pero al ser mujer y muy delgada encontraba solo rechazos y burlas por parte de los Maestros y estudiantes. En mi se empezó a formar la idea de que si un Maestro se burlaba de alguien que deseaba aprender sin conocer siquiera sus habilidades no era un Maestro de quien quisiera aprender.
Por lo que decidí ser mi Propia Maestra.
Me escabullía por las lomas para ver desde allí arriba el entrenamiento de los Guerreros de la Mano Azul, sus prácticas de melé con espadas cortas y escudos alternando grandes con diseños intrincados con rodelas cuando cambiaban al arma a una daga y sus combates se hacían un poco más marciales. Cabalgaba hasta el linde del bosque y desde un árbol podía ver el entrenamiento de un grupo de los Elfos en un claro, su práctica de arquería era inigualable, sus movimientos delicados, precisos y de una rapidez excepcional los hacían ver como en medio de una danza guerrera sin comparación alguna. Al volver de estas visitas, registraba todo en mi Diario al que había dado en llamar: "El Aprendiz" y al releerlo me sorprendía de como mi visión de las técnicas iba cambiando de mera espectadora a una entendida en técnicas y tácticas de batalla.
Pero me faltaba aún más por conocer...la magia.
Cierto día en que vagaba por los bosques buscando una planta por encargo de mi abuelo, encontré quien sería mi primer y verdadero maestro.