jueves, 26 de febrero de 2009

La Sombra

En su vida había visto ojos como aquellos. De un gris profundo surcados por un destello amarillo que cambiaba a verdoso de acuerdo a como el tiempo decidiera que lucieran ese día. Cubierta su cabeza por una inmensa capucha gris parte de una ornamentada capa de viaje que cubría gran parte de su esbelta y delineada figura. Él avanzaba sin reparos por una pequeña loma oculta en medio de un ajustado bosque de árboles inspirados. Alimentaba sus pulmones con el aire puro del paraje, cerraba sus ojos rindiéndose a los encantos de la Madre Natura que rozaba por ambos puntos cardinales y de formas diversas su cuerpo abatido de tantas luchas y viajes por lejanas tierras. Y al abrirlos cruzó su mirada con la de aquellos ojos que lo miraban entre amenazantes y sorprendidos. Y cuando logró salir del asombro (producida esta salida en parte al ver que el peligro no lo acechaba en este momento...al menos no la clase de peligro que el conocía) vio a unos metros adelante a una mujer, la imagen más hermosa sin dudarlo de mujer que jamas hubiera visto. Estaba allí, inmóvil aún , manteniendo sus ojos fijos en los de él, apuntándole con la punta de su flecha que al verlo colocara de forma veloz en su arco finamente tallado por manos dedicadas. Su cuerpo se encontraba en actitud desafiante, detalle que a él fascinaba aún más. -Detenéos ahí viajero, estáis entrando en los dominios de Lord Fain. Decid tu gracia y motivo de visita a nuestro pacífico lugar. Recordad que solo aceptamos viajeros de paso, por unos asuntos políticos que no son de vuestra incumbencia no nos encontramos en una posición como para hospedar mucho tiempo a nadie. Si no estáis de acuerdo seguid vuestro camino. No me obliguéis a utilizar esta flecha. Esa voz, fresca, firme, deliciosa llegó a sus oídos volando en el viento saltarín que la coloreaba de tonos prismáticos. Entendía el mensaje pero no alcanzaba a contestar lo que su cabeza le dibujaba como palabras, solo su rostro esbozaba gestos ininteligibles al parecer por los que ella también hacía al verlos. Al fin habló, luego de un silencio que pareció eterno, y que ella (sorprendida) respetó, aunque sin bajar su guardia: -Amable y bella Guardiana de los Altos y Bondadosos Bosques de Lord Fain, estáis ante Landaroth "Espada del Alba" , de los Reinos de RedMoon al oeste de aquí, mi visita en realidad no tiene un motivo específico, me topé con este bosque buscando paz en mi viaje de descanso antes de mi próxima misión. Sorprendido aún por oír su voz firme aguardó a que la Guardiana reaccionara, pero no ocurría nada, ella sin dejar de tensar su arco, lo escrutaba sin perder detalle y parecía pensar demasiado lo próximo que iba a decir. Esos minutos parecieron horas, en los que sus ojos se cruzaron en una mirada que no parecía ser la de unos extraños sino la de dos almas que al fin se reencuentran. De repente y como reaccionando impulsivamente, la bella mujer dejó de tensar su arco y con voz potente dijo: Regnier Landaroth "Espada del Alba", conocido hace unos años también como "Corazón del Bosque Gris". No sabia que erais tu, la descripción que ha llegado a estos bosques de ti hablan de una persona un poco más...emh mayor, pero reconocí el escudo de tu Casa en la vaina de tu espada y por eso he de deciros que eres bienvenido a nuestras tierras. Él sorprendió y a la vez inmensamente feliz (sin saber bien el porque aún) observó el escudo del que hablaba la Guardiana y sonrió. Ella con un ademán cordial, y casi esbozando una sonrisa lo invitó a que si gustaba podía visitar el pueblo. El acepto de buen grado y se dirigió hacia la loma desde donde la mujer hasta hacia unos instantes le apuntaba con su arco. La postura de la mujer se iba tornando cada vez más tensa a medida que el hombre avanzaba hacia ella, parecía ser como si su sola presencia (y solo esto luego de escuchar el nombre del Caballero) la hiciera sentirse así. Caminaron juntos hacia el pueblo que se encontraba a metros de su lugar de encuentro que fue todo lo contrario a lo que acontecía mientras avanzaban, charlaban de la vida como si se conocieran desde que el mundo es mundo, se miraban uno al otro entre asombrados y atraídos. -¡La mejor caminata desde que empecé a hacerlas!- se dijo para si Regnier. Fue recibido como héroe (cosa extraña que el nunca aceptó, siempre disfrutó de cumplir sus misiones de la mejor manera, intentando ayudar a quien lo necesitara y sacando provecho de la situación únicamente viendo en paz a las personas). Lo que iba a ser un viaje de pasada por los Bosques de Lord Fain, terminó extendiéndose porque la situación política y financiera del lugar exigía ayuda externa que el mismo Fain no quería reconocer, pero al ver la inteligencia con la que Regnier se manejaba en sus misiones, decidió pedirle ayuda. Intentó pagarle por esta, pero nuestro bienaventurado amigo fiel a sus convicciones no la aceptó. Mientras tanto su estadía en esos bosques se bien cubierta de el sentimiento más hermoso del que estamos dotados: el Amor. Cada tarde, luego de contribuir con su experiencia en los asuntos de Lord Fain, visitaba a Selene en su puesto de guardia. Ella esperaba ansiosa la visita diaria, momento en el que era relevada de su puesto y partía hacia los caminos en compañía de Regnier. Ambos disfrutaba de aquellos paseos con la misma intensidad, sus corazones latían con tanta fortaleza que creían que iban a agotar todas sus energías , cuando en realidad era todo lo contrario,llenaban sus miembros aún más de ella y sin darse cuenta, sumidos en sus relatos, recorrían trayectos que en otras circunstancias los hubieran agotado a la mitad o menos. Una noche en un claro de luna, mientras entrelazados en una conversación acerca de si la espada era mejor que el arco, sus ojos decidieron mirarse más de lo acostumbrado y un silencio se apoderó de ambos...en ese momento, Regnier se acercó a ella que permanecía inmóvil contemplándolo, tomó su rostro con ambas manos y luego de mirarla a los ojos desde la distancia más cerca que hasta ese momento la había tenido, acercó aún más su rostro y beso aquellos labios que emanaban dulzura y amor en cantidades iguales. La luna era el único testigo de aquel beso perfecto. Se quedaron allí abrazados, besandose tiernamente y declarandose su amor y promesas como un par de niños que descubren el sentimiento de amar. Volvieron al pueblo ya de madrugada, cuando los pájaros abandonaban sus nidos buscando alimento para sus pichones y los aromas a desayuno ivadían las callejuelas. Desde aquella noche decidieron que cuando Regnier terminase su misión allí, partirían ambos para formar una vida juntos. Así fue como llegó el tan esperado día, y fueron despedidos con el pueblo rebosante de alegría en quienes se reflejaba el amor que ellos desprendían. Partieron a formar su vida juntos, y la encontraron en los caminos, en los arrollos, en las lomas y los secos, vivieron tiempos de plenitud y se sintieron las personas más felices sobre la faz de la tierra. Pero un mal día, destino cruel que arrebata celoso la felicidad, se cruzaron con una horda de orcos que los superaban en número. La batalla fue encarnizada, ambos pelearon codo a codo, reduciendo el número de enemigos, arco y espada letales por igual, pero sus enemigos seguían siendo muchos. Un certero golpe de una maza oscura redujo a Regnier, quién antes de caer inconsciente en el suelo de batalla, observo a su valiente Seleen luchando aún para defenderlo... Vacío, profundidad, silencio...al despertar la imágen de la lucha pasada lo devolvió a la cruel realidad: su amada no estaba y sus enemigos no eran todos los que se encontraban allí tendidos muertos a su lado. Era evidente que había sido reducida y llevada (rogaba él que con vida aún) por esa criaturas inmundas. Desde aquel nefasto día, él vaga por los caminos, ya no lo llaman Regnier Landaroth "Espada del Alba" o "Corazón del Bosque Gris", su nombre y apodos reconocidos alrededor del mundo fueron reemplazados por el de la "Sombra", su andar y su actitud le valieron ese nombre desde entonces. Camina acechante por donde antes caminara colmado de felicidad, en la búsqueda de su amor perdido, sabiendo que mientras su corazón lata, y su mano puedo levantar una espada no va a dejar de creer en que volverá a unir sus labios con los de su amada como aquella primera vez en el claro de luna. (Continuará)

No hay comentarios:

Publicar un comentario