jueves, 26 de enero de 2012

Interior

Indagando en la oscuridad me dejé llevar por esa sensación extraña en mi pecho. Mi respiración antes entre cortada ahora lucía un ritmo plagado de notas dulces y armonías esperanzadoras. Ya todo había quedado atrás....o eso fue lo que creí.


Desde pequeño tenía la certeza que al crecer mi vida iba a ser toda una aventura, que iba a trabajar con mi padre en la forja, de ahí que mis esfuerzos por aprender de él y superarlo ocupaban casi todo mi tiempo de adolescente mientras que el resto de mis pares cortejaban doncellas en la taberna local.
También fantaseaba bajo el fresno del patio trasero de mi hogar con construir una acogedora casa para mi bella esposa e hijos cuando los tuviera y me imaginaba el taller propio detrás de la casa a tal punto que casi me parecía escuchar el sonido del martillo y el yunque trabajando bajo mi mando. Eso luego de haber recorrido lugares en donde aprender más de la forja de armas y armaduras, tener algunos enfrentamientos con villanos azotadores de débiles y desvalidos ...hasta lograba imaginarme hablando delante de un puñado de fanáticos enfervecidos por mis actos heróicos en un pequeño pero emotivo acto en mi honor.
Luego y si seguía concentrado en leer mi vida de mi propia mente era nombrado el mejor herrero en millas y millas de este inmenso mundo, mi fama se extendía tanto que llegaba a formar una escuela de Guerreros en donde enseñaba tanto a hacer como a manipularlas, era convocado para nuevas misiones en la búsqueda de la paz y el orden y cuando  llegaba al ocaso de mi pasar por esta tierra me encontraba  ya viejo y rodeado de nietos y bisnietos, todos ellos portadores de mi legado de valor incalculable.
Debía de haberme imaginado también cuando tenía esas maravillosas visiones, que la vida nos sorprende y que lo que hoy pensamos como seguro, mañana puede ya no estar ahí y entonces es cuando se prueba nuestro verdadero valor.
En uno de esos tantos momentos de reflexión acerca de mi futuro perfecto y ya armado escuché un estruendo en la plaza central del pueblo y desde la colina en la que mi hogar estaba vi correr de gente desesperada hacia las afueras del lugar y un humo rojizo salir desde los árboles que rodeaban  las veredas de la plaza.
Todo se tornó confuso y salir de mi estado de ebriedad personal a zambullirme de lleno en la realidad que me enfrentaba me causó espasmos repentinos que casi logran paralizarme. Pero decidido y contra todo miedo me levanté y corrí con todas mis fuerzas hacia el taller de mi padre a cerciorarme de que se encontraba bien.
Pero al llegar ya no estaba allí, el fuego de la forja estaba a punto, el martillo colocado con cuidado sobre el banco auxiliar de la forja y una hombrera de la armadura que estaba fabricando se encontrada sumergida a medias en agua, buscando templar su temperatura.
Al no ver a mi padre allí, corrí hacia el interior de mi casa y cuando lo hice atravesando el patio vi como la nube rojiza se transformaba en negra y lo que antes era caos y sonidos diversos mezcla de gritos desolados y estallido de objetos, piedras y hasta casas por doquier, ahora era un aterrador y profundo silencio.
No fue necesario abrir la puerta, estaba tal cual la había dejado hacía unos instantes luego de beber algo y salir para disponerme a descansar unos minutos y luego continuar el trabajo con más ímpetu. Entré en la sala y llamé a mi padre a viva voz pero no obtuve respuesta. Un escalofrío recorrió mi espina hasta casi helarme los miembros paralizado me quedé unos instantes recordando el momento en el que de chico había entrado a la misma sala, por la misma puerta y había visto el cuerpo de mi madre en el suelo, sin vida luego de que una fiera enfermedad se la arrebatara.
Cuando me di cuenta de que casi no respiraba, tomé una gran bocanada de aire, notando que mis ojos estaban empañados por los recuerdos, y volí una vez más a la realidad...
-Padre..Padre...donde estas?contestame..- mi voz me sonaba como suenan las voces en la plaza de los actores de la trupe con esos artefactos cónicos que amplifican el habla y sentía que ese silencio que afuera no había podido evitar percibir ahora era aún más profundo y siniestro y sin dudas hacía que mi voz no sonara como mi voz. De todas maneras seguí buscando hasta que llegué al umbral de mi hogar y mi desesperación se convirtió en un grito ahogado  al ver esa indescriptible imagen frente a mi, luego de eso toda mi humanidad se desplomó inerte en la puerta de mi hogar en donde solía sentarme a observar pasar a las personas gozando de una vida feliz y preguntándome como podía hacer yo para lograr eso...



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