jueves, 5 de marzo de 2015

Sol



Idiota!-Pensé en voz alta, quebrando el silencio del alba helada que caia sobre mis hombros que se sentían más pesados que nunca.
Sacudiendo el rocío de mi capa me incorporé, o al menos eso intentaba antes de caer desplomada de nuevo en la húmeda manta, delgada y pinchosa, única superficie que me separaba del indomable suelo de la ladera de una de las tantas montañas del sur.
Maldecí en todos los tantos dialectos que aprendí en el Mercado Artesanal de Lago Bajo, en las afueras de un pueblito de montaña en donde me alojé estos últimos dos años..huyendo.
Las nefastas exclamaciones parecieron cobrar vida en mi cuerpo y elevar la temperatura de una manera que hasta perecía sentir subir hirviendo mi sangre por toda mi espina, enderezándome de pronto. Traté de desperezarme aunque fue tan costoso como aquella pelea con la ramera de la Taberna "El Cuerno Rojo", y que nombre que aplicaba justo a la ocasión ya que fue allí en donde lo encontré a ese inservible hijo de perra trepado en las ancas de esa yegua mientras creía que yo estaba alimentando nuestros caballos en el establo a unos kilómetros de allí. La arrastrada sonreía al verme y ese fue el gesto que me despertó del estupor que tenía al ver semejante muestra de traición frente a mis ojos, los separé embistiéndolos como una hembra de jabalí defendiendo sus cachorros y no recuerdo haber tenido en mi vida tan poca técnica de lucha como en ese nefasto momento, todos mis sentidos estaban bloqueados, mis músculos eran un solo bloque actuando en la misma dirección pero sin un plan definido, mi fuerza estaba mal distribuída solo en mis brazos que sujetaban  con mis manos encendidas el cuello de la despreciable  que había osado meterse con mi hombre. Aquello no terminó bien y cada vez que revivo los hechos no sé si invento recuerdos o está todo tan confuso que todo eso parece una gran mentira..o así lo hubiese querido.
Rememorando volví a aullar:
Idiota!- y levanté mi morral y mi arco como si estuviera enfurecida con ellos, los tire sobre mis hombros que ahora parecían aún más tensos y me dispuse a abandonar aquel refugio improvisado lanzándome a la merced de otro nuevo día de búsqueda.
El camino se presentaba mejor de lo que lo esperaba y el día empezó a entibiar mis brazos y mis piernas como una caricia suave y misericordiosa que me devolvía a la vida después de una noche en la que no debería de haberme quedado dormida allí en donde estuve. Por eso maldecía, por eso enfurecía de a ratos cada vez que recordaba ver partir la caravana que iba a la Ciudad Melden y a la que por un imprevisto llegué tarde. Gritaba de rabia porque después de aquella noche impensada en el "Cuerno Rojo" había decido entrenarme para nunca más perder una batalla, desde entonces cada día y cada noche estaban diagramados con una metódica rutina que hacían que mi cuerpo, mi mente y mi espíritu llegaran a niveles de eficacia de los que no me tenía permitido decender.
Cavilando en nociones de entrenamientos, en putas y desgraciados continúe mi andar  hasta el anochecer sin sospechar que todo estaba a punto de dar una gran vuelta a los acontecimientos que venían siendo parte de mi habitual vida.

El crepitar de unas ramas se llevaron toda mi completa atención. En breves instantes , instintos agudos, mis manos habían armado frente a mi el arco con una flecha ya cargada y a punto de ser disparada ante el menor indicio de amenaza que asomara detrás de los árboles a un costado del camino por donde escuché el crepitar y para mi sorpresa el crepitar se tornó en estruendo de ramas rompiéndose a una velocidad increíble y lo que causaba aquel ya ensordecedor alboroto debería de ser enorme y al parecer se dirigía exactamente en mi dirección. Todos los músculos de mi cuerpo estaban en una tensión casi insostenible, esperando la mínima orden de mi cerebro para que accionen y dejen libre la flecha que suplicaba por un blanco. Nunca, ni desde niña tuve mala puntería, en la escuela de tiro al arco era la mejor por varios puntos de ventaja, sobresalía tanto que fui enviada a Shibad, la ciudad próxima a Aljaba mi pueblo natal, a tomar clases con arqueros Elfos, quienes parecían mantenerse en trance ( y creo haber aprendido ese tipo de concentración) cada vez que se disponían a tomar un punto de ataque. Las palabras de uno de mis Maestros siempre se me presentan en situaciones como estas:" Si fallas, vuelve a intentarlo pero recuerda que el primer tiro no es de práctica y si no es letal puede que sea el último de tu penosa vida"
A pesar del frío, una gota de sudor hacía cosquillas sobre mi sien en donde se notaba que mis venas bien activas dejaban pasar la sangre embravecida que bullía dentro de mi. Mi lacio cabello cobrizo comenzaba a humedecerse con mi nerviosa transpiración.
Quizás debería en este punto contar cronológicamente como ocurrió lo que vino a continuación de esa posición de espera, si lo recordaría tal cual. Pero no es así. Las imagenes de ese momento son como explosiones de adrenalina pura, en donde mi corazón se aceleró tanto que creí no iba a resistir , mi respiración se cortó, luego se agitó por demás  y volvió a cortarse y así en intervalos casi rítmicos. Lo que mis ojos vieron aparecer entre los árboles se puede describir como un enorme lobo de color gris pardo, cuyo pelaje parecía brillar en una tonalidad azulada a la luz de la luna creciente, sus ojos destellaban un color amarillo intenso y sus fauces abiertas me mostraban que una mínima mordida de aquellos inmensos y aniquiladores colmillos eran la muerte personificada, una muerte rápida y horrorosa.
Atónita estaba frente a aquella criatura que parada a escazos metros me miraba sin avanzar, escudriñando la insignificante humana que se encontraba en medio del camino como un precioso regalo de los Dioses. O al menos eso creía yo.
Jamás había oido hablar de un lobo de semejante tamaño, debería de medir de alto facilmente unos 2 mts y de largo como unos 3 y quizás más. Pero sus dimensiones eran armónicas, era un lobo gigante de colores increíbles que emanaba un poder que con solo mirarme había paralizado cualquier acción que intentara. Y eso no era metafórico, realmente todo mi cuerpo se había paralizado por completo sumido en un hechizo, solo podía mover los músculos y órganos vinculados con mi respiración. Hasta baba caía por mi boca, abierta como había quedado al ver esa bestia.
Para mi horror, mi amigo no se encontraba solo, deslizándose a ambos costados de su descomunal ser aparecieron entre las sombras de la noche otros dos lobos de menor tamaño pero en igualdad de ferocidad. Lo poco que quedaba activo de mi mente entre dormida y aterrorizada, eran ideas calamitosas de como esos colmillos, dagas mortales, iban a desgarrar todo mi cuerpo, a devorar mis vísceras mientras que yo inmóvil no iba a poder siquiera dejar ir mi último grito y enmudecida iba a partir de esta tierra con una muerte de lo más siniestra.
Los dos lobos nuevos se acercaron a mi y me olfatearon intensamente de pies a cabeza, podía sentir sus alientos quemar la piel de mi cara al acercar sus hocicos a mi boca. Así como se acercaron se alejaron por donde vinieron y no volví a verlos. En ese instante el primer lobo comenzó acercarse, no como los otros cuyas cabezas agazapadas venían intencionalmente a husmearme , sino que se acercaba mirándome fijamente a los ojos y si hubiese podido , mi cuerpo se habría sacudido como el agua del estanque en donde solía jugar de niña cuando le arrojaba una piedra. También mis ojos se habrían cerrado pero permanecía abiertos contemplando sin elección aquellos ojos amarillos, iluminados, feroces, mortales.
Se detuvo frente a mi y lamió mi cara.
Todo mi ser se desplomó en el suelo y recuerdo que mi primer reacción, luego de que mi cuerpo se enterara de que podía moverse , fue cubrir mi cabeza con mi brazo izquierdo mientras que con el derecho tantee mi muslo buscando mi daga.
El inesperado suceso que le siguió a esa escena fue algo que mi Abuelo Materno solía contarme como relatos de viajeros del Este en donde los animales se comunican con las personas, pero hasta entonces creía que eran solo condimentos que agregaba a las aventuras que me contaba. Lo que ocurrió no es algo que se pueda explicar en un relato tal cual lo he vivido pero intentaré describirlo.  No escuché porque no hubo sonido en el aire que separaba al Lobo de mi, pero puedo decir que sentí algo que el animal quiso transmitirme y fue algo así como : " No temas...solo síguenos"
Bajé mi brazo y desistí de todo intento de ataque y contemplé de nuevo esos dos soles que fijos me miraban
Giró su gigantesca cabeza y desapareció entre la maleza. Aún luego de que la bestia se había ido, las "palabras" me seguían invitando a seguirla.
-He enloquecido!!- me dije. No solo porque " escuchaba" hablar a un Lobo de tamaño colosal sino porque pensaba seriamente en ...seguirlo.

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